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lunes, 11 de marzo de 2019

Me desnudé en un museo, y fue... revelador

La "Visita Naturista" del Palais de Tokio se organizó en asociación con la ANP. Los visitantes se quitaron la ropa para una visita a la exposición "Discordia, hija de la noche". Owen Franken, para The New York Times


Por Thomas Rogers.

PARIS - Resulta que lo más incómodo de estar desnudo en un museo es la temperatura. Una media hora después de la primera gira nudista del Palais de Tokyo, un museo de arte contemporáneo en París, me había acostumbrado a la sensación de exposición, pero no me había aclimatado al aire frío que circulaba por las galerías cavernosas.

De pie, en una exposición de temática política del artista franco-argelino Neïl Beloufa, empecé a sacudir mis brazos en busca de calor. Descubrí que los museos no tienen control de temperatura para las personas que solo usan zapatillas.

Al llegar a esta conclusión, al parecer, no estaba solo. Jacqueline Bohain, una jubilada de 65 años que había tomado un viaje en autobús de ocho horas desde la región de Alsacia, al este de Francia, para asistir al evento el sábado, trató de calentarse con un poco de luz solar. Otros miembros del grupo se agitaron para calentarse. "Tal vez deberíamos caminar alrededor de la esquina, para poder pararnos al sol", sugirió Marion Buchloh-Kollerbohm, la guía turística, y nos llevó a otra área de la exposición.

La "Visita Naturista" al Palais de Tokyo, el primero de su tipo en Francia, ha ganado una gran cantidad de interés público desde que se anunció en marzo. Más de 30,000 personas indicaron en Facebook que estaban interesados ​​en la gira, y, según Laurent Luft, de 48 años, presidente de la Asociación Naturista de París , más de dos millones de personas visitaron la página de Facebook del grupo en las últimas semanas.

Contemplando piezas en la exposición del sábado. "Espero que la experiencia de dejar la ropa el la puerta les ayude a dejar una parte de su identidad con ella, y la experimente con más apertura", dijo un guía turístico sobre las interacciones de los visitantes con el arte.  Owen Franken para The New York Times.

"Me estaba imaginando que alrededor de 100 o 200 personas podrían querer venir, no 30,000", dijo en una entrevista telefónica antes de la gira.

A las 10 am, me uní a las 161 personas que habían conseguido una de las entradas limitadas, y nos desnudamos en un vestidor en el segundo piso del museo. Durante las siguientes dos horas, participamos en una de las seis visitas guiadas por los guías del museo de "Discord, Daughter of the Night", una serie de exposiciones en todo el museo, que es la más grande de Francia para la presentación de obras contemporáneas. Las exhibiciones consisten en una gran escultura suspendida y cinco exhibiciones curadas por separado pero relacionadas temáticamente en diferentes partes del museo, que tratan principalmente sobre temas de conflicto político y resistencia.

La contribución del Sr. Beloufa, "El enemigo de mi enemigo", consistió en gran parte de artefactos relacionados con la guerra y con otros eventos históricos horribles, como la masacre de My Lai y el bombardeo de Hiroshima , organizados en plataformas que fueron movidas constantemente alrededor del espacio por pequeños Robots, similares a los utilizados por Amazon en sus almacenes.
La Sra. Buchloh-Kollerbohm, que también es la jefa de educación del museo, me dijo que era consciente de la posible incomodidad de combinar el nudismo con el tema serio de la exposición.

Un guía vestido con visitantes desnudos. Según el grupo que organizó el evento en el Palais de Tokio, más de 30.000 personas indicaron en Facebook que estaban interesados en la gira. Owen Franken para The New York Times

"No queríamos convertir esto en una conferencia sobre el tema post-colonial, porque eso realmente mataría la atmósfera", dijo. Sin embargo, agregó: "Espero que la experiencia de dejar su ropa en la puerta les ayude a dejar una parte de su identidad con ella, y la experimente con más apertura".

Otros museos han organizado recorridos similares para espectáculos temporales relacionados con la desnudez, como la exposición Robert Mapplethorpe en Montreal y un espectáculo de desnudos masculinos en el Museo Leopold de Viena. El Sr. Luft dijo que "en realidad me complacía más encontrar algo que no tenía nada que ver con la desnudez".

El Sr. Luft y yo entramos en una pequeña habitación en una esquina de la exposición donde el Sr. Beloufa estaba exhibiendo un video de propaganda iraní del Museo de la Defensa Sagrada en Teherán que mostraba una simulación de un ataque con bomba en un mercado. Me sentí insensible ver un video de una atrocidad (aunque sea una puesta en escena) mientras estaba parado en nada más que en mis zapatillas, pero el Sr. Luft lo vio de manera diferente. En su opinión, la exposición confirmó su creencia de que la desnudez era un gran ecualizador social y político. "Si los líderes mundiales tuvieran sus reuniones desnudos", dijo, "se mantendrían mucho más tranquilos".

El Sr. Luft dijo que había propuesto la visita al Palacio de Tokio en una reunión en diciembre. Dijo que la idea era expandir las actividades de la asociación nudista más allá de los deportes: el grupo, señaló, tenía el récord mundial de la mayor cantidad de personas que participan en una bolera de diez pines desnuda. Expresó la esperanza de que eventos culturales como el del museo conduzcan a una afluencia de miembros más diversos.

Una sección de la exposición presenta trajes japoneses de armadura. "Ponerse ropa o armadura es una declaración", dijo un visitante. "Hoy en día, el nudismo se ve como una afirmación, pero en realidad es todo lo contrario, debe verse como un estado puro". Owen Franken para The New York Times

En una sola concesión, el Palais de Tokyo cerró sus puertas a los visitantes que no estaban desnudos el sábado por la mañana. La Sra. Buchloh-Kollerbohm dijo que el museo consideraba el evento como parte de su mandato de divulgación cultural y social.

Los resultados parecían prometedores: los asistentes fueron un poco más hombres que mujeres, pero hubo una gran variedad de edades, y hubo muchos recién llegados a la desnudez pública, como Junyu Deng, un parisino de 29 años, que parecía emocionado por la gira. Ella dijo que estar desnuda le había permitido tener una interacción más "íntima" con el arte.

Nuestro grupo se trasladó a un espacio creado por el artista británico George Henry Longly, donde se exhibieron varias armaduras usadas por los daimyo, señores feudales que reinaron en Japón desde el siglo X hasta el siglo XIX. Se sentía extrañamente conmovedor al mirar una exhibición de armaduras de batalla ornamentadas mientras se encontraba físicamente vulnerable. La Sra. Buchloh-Kollerbohm explicó que las armaduras habían sido diseñadas para parecerse a animales agresivos, como las avispas, y que consistían en una especie de "exoesqueleto".

"Ponerse ropa, o una armadura, es una declaración", me dijo Vincent Simonet, un maestro de canto de 42 años que ofrece clases de desnudos, cuando salíamos de la habitación. "Hoy en día, el nudismo se ve como una afirmación, pero en realidad es todo lo contrario, debe verse como un estado puro".

Una instalación en el Palacio de Tokio. Asistieron más hombres que mujeres,  pero hubo una gran variedad de edades, y hubo muchos recién llegados a la desnudez pública. Owen Franken para The New York Times.

La sección final de la gira, realizada por los artistas franceses Kader Attia y Jean-Jacques Lebel, fue descrita en parte como una "arqueología del miedo", e incluía una sala llena de periódicos y revistas que cubrían eventos históricos relacionados principalmente con el colonialismo. La Sra. Buchloh-Kollerbohm reunió al grupo en un pequeño rincón para mostrarnos algunas "máscaras de enfermedad" de Nigeria, con rasgos distorsionados que les dieron la apariencia de alguien que ha sufrido lepra o un derrame cerebral.

"No se trata de un concepto de belleza perfecta y simétrica", dijo al grupo en voz baja, "sino de aceptar la diferencia y su valor y poder". La Sra. Bohain, la jubilada de Alsacia, dijo a otro miembro de la gira que Fue una nota emotiva para terminar, especialmente para un grupo comprometido a aceptar y celebrar sus propios cuerpos.

Unos minutos más tarde, nos condujeron a un patio con una vista de la Torre Eiffel, donde la Sra. Bohain se calentó al sol. El Sr. Luft dijo que estaba extremadamente feliz con el evento del día, y agregó que ya estaba en conversaciones con otros museos para realizar giras similares.

El recorrido concluyó con una recepción en un patio con vista a la Torre Eiffel. Owen Franken para The New York Times.

En cuanto a mí, estaba interesado en volver a visitar la exposición, especialmente sus trabajos más políticos, en un contexto vestido, cuando no tendría que preocuparme por sentirme insensible.

La Sra. Buchloh-Kollerbohm dijo que había disfrutado liderando el grupo, pero que el Palais de Tokyo estaba indeciso sobre hacer otra gira nudista.

De pie en el patio, la Sra. Bohain me dijo que aunque no había disfrutado de todo el arte, había disfrutado de la experiencia. "Estoy parada al sol, desnuda, mirando a la Torre Eiffel", dijo. "La vida es genial."


Fuente: 
https://www.nytimes.com/2018/05/07/arts/naked-museum-france.html#click=https://t.co/ggJ4xWzsTT


Nakedu.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Nudismo a punta de escopeta

     Desde que creamos este blog he considerado necesario explicar en algún momento qué hace un nudista en Salamanca, una ciudad de interior, sin costa, en la que hace mucho frío gran parte del año y sin pretender ser excesivamente crítico o injusto, me animo a definirla como bastante conservadora. Esa es mi realidad y quizá a más de uno llame la atención. El caso es que no sé muy bien por qué, soy un nudista obsesivo en Salamanca. Y lo llevo lo mejor que puedo.

     En otros blogs que sigo se ha hablado de este tema, incluso en este lo hemos tocado en alguna ocasión, aunque no lo hayamos hecho en profundidad. En algún momento lo haré aunque no haya mucho más que aportar, pero con esta entrada pretendo ir un poco más allá. 

Fotografía @ajs_pimentel

     Sin entrar a detallar todas las actividades que alguien como yo puede hacer desnudo en Salamanca, quiero contaros que mi principal costumbre nudista al aire libre es irme a una zona apartada del río Tormes, a su salida de la ciudad, a tomar el sol y refrescarme en el agua, disfrutando de mi desnudez la mayor parte de las veces en solitario. Lo hago desde hace años, pero en los dos últimos veranos he tenido graves problemas por esta práctica, que es lo que os quiero contar (sin dramatizar mucho): mi salida del armario como nudista acosado y amenazado.

     Cuando comencé a frecuentar esta zona del río lo hacía con dudas, no sabía si me podría ocasionar algún inconveniente, pero el sitio me parecía ideal: cerca de casa, totalmente natural, junto al río, absolutamente discreto, sólo algún senderista ocasional, algún paseante de perros, de vez en cuando algunos jóvenes buscando salir de la ciudad y algún gay despistado buscando lo que en otros tiempos mejores quizá podría haber encontrado con más facilidad.

     Con el tiempo se fue animando alguna persona más, así que ir sólo no me ha impedido conocer gente, tener alguna charla agradable y ampliar la red nudista en mi ciudad, aunque no puedo decir que haya hecho amistades significativas. De lo que sí me siento satisfecho es de que el estar allí desnudo de forma natural ha llevado en varias ocasiones a que otras personas se hayan animado a hacer lo mismo ¿qué mejor logro que ese?



No sé si hasta aquí el relato es idílico (todo es susceptible de mejora) pero para mí, en una ciudad como Salamanca, es mucho más de lo que podría haber soñado hace años. Lo que viene a continuación convierte este cuento de superación personal en un relato casi de terror.



     Me contaron, hace dos veranos, que había unos cazadores por la zona molestos por nuestra presencia junto al río. No quería creérmelo, pues no hemos estado allí más de dos o tres personas haciendo nudismo al mismo tiempo, rara vez cuatro. Pero una tarde, estando junto a otros dos chicos desnudos tranquilamente, lo viví en mis propias carnes. Comenzamos a oír algunos disparos atrás, en el monte; al poco rato se nos acerca un cazador, escopeta en mano, diciendo de muy malas maneras y aferrado a su arma que eso es una finca privada y no podemos estar allí.

     Yo sólo tengo voz y educación, son mis únicas armas, así que con la mayor calma posible en unas circunstancias que jamás había vivido, le intento explicar que el río pertenece a la confederación hidrográfica del Duero y que puedo estar junto al río sin molestar a nadie. No me puse chulo en ningún momento, porque generalmente soy una persona pacífica y además me sentía amenazado por su escopeta. Insistió en que no quería vernos por allí y comenzó a usar otros argumentos, me dijo que él estaba cazando cerca, que era posible que se le disparase el arma "sin querer" y que él no tenía ningún problema porque cualquier accidente estaba cubierto por su seguro pero que a mí me jodía la vida. Difícil dialogar con un energúmeno de tal calibre.

     Se acabó marchando no sin antes decir que no iba a volver a acercarse a avisarnos, que no quería volver a vernos por allí. Durante una hora aproximadamente nos tuvo vigilados desde el monte, junto a otro cazador, dando tiros al aire cada pocos minutos. Estaban sentados, a unos metros de distancia uno del otro y mirándonos, así que no estaban cazando ningún animal, sólo disparaban para asustarnos.


     Esto ocurrió en 2017 casi a final de verano, volví pocas veces y con bastante inseguridad. El pasado verano he seguido yendo al río, pero no tan a menudo ni con el mismo ánimo. Las veces que he ido he estado casi siempre solo, está claro que la estrategia del cazador ha surtido efecto. Es posible que leáis este relato y en vuestra cabeza surja la pregunta ¿qué habría hecho yo? Algunas personas diréis que hay que defender el espacio nudista conquistado, que no hay que dejar de ir por allí, otros pensaréis que quizá no merezca la pena jugarse el tipo. Yo no lo tengo claro, pero hay que estar en situación para ser realmente consciente, así que comprendo a quienes han dejado de ir por allí aunque yo me niegue a hacerlo. Y también entiendo que el miedo funciona de distinto modo cuando te sientes respaldado por un grupo de personas que cuando estás sólo en esa misma situación.

     El primer día que pude ir al río el año pasado, cuando la primavera alegra el paisaje charro con sus débiles rayos de sol volví a vivir una situación desagradable. Dejé el coche a la entrada del camino, como siempre, junto a otro vehículo. Al volver al coche después de una relajante tarde en bolas me encontré con dos ruedas pinchadas, en el taller me aseguraron que me las habían pinchado adrede pues ambas tenían la raja en el lateral. El otro coche estaba igual.

     No soy miedoso, no me gusta el victimismo y pienso seguir haciendo nudismo cuando me de la gana, pero tengo la sensación de que hay gente que desde la exigencia hacia los demás parece no darse cuenta de que el mundo es a veces muy hostil. No se dan cuenta de que al insistir en que tenemos que desnudarnos donde nos salga del nabo porque tenemos derecho a ello nos estamos enfrentando a problemas importantes, no se dan cuenta de que podemos ganar algunas batallas pero para ganar la guerra necesitamos ser más prudentes, pues la sociedad en la que vivimos no está preparada para aceptarnos fácilmente.

     Por eso desde este blog vamos a seguir defendiendo el derecho a desnudarnos desde la moderación, desde las pequeñas y grandes conquistas, la unión y solidaridad entre nudistas, el asociacionismo y las estrategias cercanas y colectivas, pero también desde la apertura al diálogo y la necesidad de reflexión, porque entendemos que es la única manera de vivir tranquilos nuestra desnudez.

     He ilustrado este artículo con la carátula de "La escopeta nacional", una película que ya cumplió 40 años pero que sigue totalmente vigente, un retrato paródico sobre el poder y su ejercicio, sobre la manipulación, la especulación, la ambición y la decadencia moral de quienes se pretenden imponer. Quizá tengamos que cometer errores y aprender de ellos, buscar nuestra forma de adaptarnos al poder que se ejerce desde diferentes ámbitos y lograr así normalizar poco a poco el nudismo. Yo sé que es posible ¿y tú?

Eladio.