lunes, 23 de abril de 2018

El desnudo integral que escandaliza en Málaga


La polémica está servida

Y el origen de la misma está en un cartel que anunciaba una película que participaba en el 21 Festival de Cine de Málaga, celebrado del 13 al 22 de abril de 2018.


Nos referimos al cartel de "Diana", la película de Alejo Moreno sobre una prostituta que lo ha elegido y es feliz siéndolo y que está protagonizada por Ana Rujas. La imagen ilustra desde un plano contrapicado, a una mujer desnuda y de pie de la que, a pesar de estar casi clavándose un cuchillo en su pierna derecha, lo que más llama la atención de los transeúntes es su vulva, que aparece en primer plano.


Parece mentira que en estos tiempos un desnudo así pueda generar esta polémica lo que nos muestra el cariz puritano y regresor que vivimos actualmente con el desnudo y en particular con los genitales, sobre todo si son de una mujer. 

Os dejamos el artículo completo publicado por el diario ABC, en el que nos ha encantado el comentario que hace una pareja joven al final del artículo: "Que curioso que sean personas mayores, «que han crecido con la censura», los que tengan que decirnos a los jóvenes que aprovechemos «la libertad que tenemos entre manos y no la dejéis escapar»".

Artículo del Diario ABC

Málaga se ha vestido de gala un año más para su gran fiesta: el Festival de Cine. La alfombra roja adorna sus calles principales y los carteles que anuncian las películas participantes le roban el protagonismo a las principales atracciones de la ciudad. Pero en esta edición hay una que ha provocado más de una risa nerviosa e, incluso, algún comentario desafortunado.

Como cada año, un sinfín de fans se agolpan en la puerta del hotel AC Málaga Palacio, el lugar elegido por la organización para hospedar a los principales actores y donde estos atienden a la prensa. Es decir, el lugar ideal si quiere ver a alguno de los intérpretes que pasan por la ciudad costera. Junto a la entrada del hotel, la organización ha colocado una plataforma que soporta tres pósters de las películas (con un tamaño de un metro de alto por dos de ancho). Entre ellos se encuentra el cartel de «Diana», la película de Alejo Moreno que está protagonizada por Ana Rujas. «Pero si se le ve todo», decía una joven de unos 14 años escandalizada. La imagen ilustra a una mujer desnuda casi clavándose un cuchillo en su pierna izquierda: un contrapicado que tiene en primer plano la vulva de la joven. «Un 'chichi’, mamá», gritaba una pequeña de apenas dos años al pasar frente al cartel ante la mirada avergonzada de su madre.

El equipo de «Diana» sabía el revuelo que iba a causar esta imagen. Por ello, han puesto en grande el nombre de la modelo (Lucía de la Guerra) «para evitar confusiones». «Está habiendo una involución en la sociedad y creo que tenemos que abrir ese debate», comentaba Alejo Moreno en la presentación de la película en el festival. Por suerte, no todos los viandantes se escandalizan al ver esta imagen. «Cada uno que le de la imagen que quiera a su película», comentaba a ABC un matrimonio «de casi cuarenta años» que paseaba por el centro de la ciudad. Que curioso que sean personas mayores, «que han crecido con la censura», los que tengan que decirnos a los jóvenes que aprovechemos «la libertad que tenemos entre manos y no la dejéis escapar».

Dejamos también el enlace al periódico local Diario Sur, donde podéis leer el artículo dedicado a este cartel, en el que también quedan reflejadas algunas llamativas opiniones vertidas sobre el mismo, entre las que podemos destacar las siguientes: 


"Unas adolescentes –16, 17 años– opinan que «es demasiado atrevido». ¿El qué? «Que esté desnuda». «Si apareciese con ropa, estaría mejor», añade una de ellas. «Es demasiado para un cartel. Un poco desagradable, ¿no?», se interrogan. «¿Y si lo ven niños pequeños?». Preferirían, en todo caso, a una modelo «que esté mejor vestida, que llame la atención sin estar desnuda»"

De nuevo aparece el rechazo y a poner a los niños como excusa para censurar o repudiar el desnudo

"Más opiniones, incluso gestos, apoyan su teoría: niñas muy pequeñas que hacen muecas, auténticos mohines que expresan asco al contemplar la fotografía; unas treintañeras que al pasar comentan lo «ordinario» que les resulta; una benjamina de apenas seis o siete años que, con toda claridad, le dice a su madre: «a mí me incomoda mucho ese cartel»". ¿Qué pasaría, en cambio, si nos mostrase a otra modelo más en ropa interior, con la boca entreabierta y una postura nada convencional?

Pues eso, la polémica está servida. ¿Cuál es vuestra opinión?


Nakedu





Imágenes:
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jueves, 19 de abril de 2018

El dilema del prisionero aplicado al nudismo


     Uno de los dilemas clásicos de la teoría de juegos es el que da título a esta entrada y fue enunciado en 1950 por Albert W. Tucker. Nos sirve para analizar el comportamiento humano ante unas circunstancias dadas cuando nos falta información sobre el comportamiento de las demás personas. Es de aplicación a cuestiones diversas pero no sé si a alguien se le habrá ocurrido en alguna ocasión aplicarlo al nudismo. Aunque es muy conocido intentaré explicarlo de forma clara y posteriormente contaré por qué creo que puede ser útil a nuestra causa.

     Dos delincuentes son detenidos y aislados el uno del otro para proceder a los interrogatorios por separado. Se les acusa de un atraco a mano armada a un banco de la ciudad pero faltan pruebas del delito; el objetivo de la policía es conseguir la confesión. Si las autoridades logran demostrar su participación serán condenados a diez años de prisión, en caso contrario únicamente se les podrá acusar de un delito menor (posesión ilícita de armas) que implicaría dos años de cárcel.

     La policía decide ofrecerles un trato de manera individual a cada uno de los prisioneros: si decide colaborar con la justicia y aportar las pruebas para que sea condenado el otro detenido, le rebajarán la pena de su propio delito a la mitad. ¿Qué implicación tiene esto para cada uno de ellos? Si uno decide “acusar” al otro y es el único en hacerlo, su condena de dos años por tenencia ilícita de armas se rebajará a un solo año, mientras que el otro prisionero deberá cumplir diez años por el atraco y la falta de colaboración. Si el otro prisionero también confiesa, ambos se habrán traicionado, el atraco quedará probado y cada uno deberá cumplir cinco años de prisión, al haber colaborado con la justicia a cambio de la pena rebajada a la mitad.

     Frente a la posibilidad que llamaremos “traición” existe la opción “lealtad”. Si ambos deciden ser leales deberán cumplir dos años cada uno, pues sólo la tenencia ilícita de armas está demostrada. La decisión la deberán tomar sin saber qué hará su compañero, lo cual complica las cosas. El dilema está servido.

     La opción que maximiza los beneficios, si ambos pudieran negociar y confiar plenamente el uno en el otro, es cooperar y ser leales, enfrentándose cada uno a dos años de cárcel y evitando de este modo cualquiera de las dos penas superiores: cinco y diez años. Sin embargo, al carecer de la información sobre el comportamiento del otro, parece que lo más beneficioso sea la competición y la traición, pues en este caso la condena va a ser de un año o de cinco, pero en cualquier caso evitará la pena mayor: los diez años.

     El dilema del prisionero nos sitúa ante el escenario del “mal menor”. Aunque lo más beneficioso para ambos es la lealtad, al desconocer la decisión del compañero, la tentación de optar por la traición para evitar el “mal mayor” será muy fuerte. ¿No es apasionante?

     La cosa tiene miga y nos sirve para analizar situaciones reales, especialmente las más  complejas. ¿Qué elegimos habitualmente? ¿Colaborar o competir? ¿ser generosos o egoístas? ¿pensar en el bien común o protegerse? ¿asociarse o ir por libre?

     Si desconocías este dilema te pido que lo pienses un poco antes de seguir leyendo, en caso contrario adelante, me dispongo a convertir a estos dos prisioneros en nudistas.

     Son encendidos los debates sobre cuál es la mejor estrategia para garantizar nuestros derechos como nudistas, tanto en el espacio asociativo como en redes sociales, foros, blogs y otros espacios de internet. También he participado en muchas ocasiones en debates estratégicos con amigos o conocidos nudistas.

     La PREGUNTA CLAVE la planteo a continuación: 

¿Qué es mejor, aferrarnos a la libertad de poder desnudarnos en cualquier espacio público ya que en principio la ley nos ampara, o por el contrario, luchar por mantener y ampliar espacios propios donde poder ejercer nuestro derecho a desnudarnos rodeados de otros nudistas?

     Este es uno de los principales puntos de fricción entre los nudistas cuando nos ponemos a diseñar estrategias. Algunos defienden que acotar o señalizar espacios para hacer nudismo, incluso aquellos de amplia tradición nudista, implica aislarnos en guetos y reducir nuestras posibilidades de desnudarnos en cualquier playa o espacio público, pues afortunadamente la ley eliminó hace años el delito de escándalo público y el desnudo no puede considerarse algo obsceno o inmoral. Otros por el contrario, defienden con ahínco el cuidado de los espacios de tradición nudista frente a la invasión textil, pues rodeados de nudistas nos podemos encontrar más a gusto y si fuéramos nosotros quienes nos desnudásemos en espacios textiles tenemos serias dudas de que fuésemos bien recibidos.

     Difícil llegar a acuerdos entre dos posturas tan enfrentadas. ¿Os parece que apliquemos el dilema del prisionero para el diseño de la estrategia?

     Olvidemos las palabras traición y lealtad utilizadas para el análisis del dilema, pues está claro que ambas posturas son respetables. Centrémonos pues en las ideas clave: competir o colaborar.

     Podemos entender por COMPETIR a luchar para ganar todo el espacio público a la causa nudista. Esto implica ir por libre pues no necesitas de los demás nudistas para llevarlo a cabo y dará igual cuál sea la decisión de los otros, ya que eliges desnudarte en cualquier espacio asumiendo las consecuencias que esto tenga.

     Podemos pensar que el número de nudistas es mucho menor que el número de textiles, por lo que si elegimos ir por libre, lo más probable es que nos encontremos con muy pocos nudistas cuando nos quitemos la ropa en cualquier espacio público, al menos al principio. Esto podría cambiar si la mayor parte de nudistas optamos por esta opción en lugar de seguir yendo a espacios donde el desnudo es lo habitual. Poco a poco iremos conquistando todo el espacio público para desnudarnos con libertad.

     Podemos entender por COLABORAR, en contraposición, al hecho de asociarnos con otros nudistas para defender aquellos que podríamos llamar “nuestros espacios”. Seguimos valorando la decisión en términos de coste-beneficio y jugamos con la idea del mal menor. El beneficio es que si colaboramos en defender estos espacios los seguiremos manteniendo para la causa nudista, pues la otra opción exige que nos dispersemos y nos arriesgaremos a perder los espacios ya conquistados. El mal menor será perder la opción de la mayor ganancia: nos quedamos en nuestros guetos y perdemos un mundo de posibilidades.

     Aunque pueda parecer enrevesado, el dilema del prisionero nos viene muy bien para reflexionar, pues las decisiones que tomamos como nudistas, las tomamos sin saber qué hará el resto de nudistas, tan sólo lo podemos intuir y tomaremos nuestra decisión personal valorando los diferentes escenarios posibles. En cualquier caso la enseñanza que extraemos de este dilema es que ante el desconocimiento de qué harán exactamente los demás, cualquier decisión va a implicar una pérdida, aunque siempre intentemos perder lo mínimo posible.

     Yo tengo mi opción clara pero esta entrada no trata de eso, sino de plantear el conflicto entre ambas posturas y ofrecer un marco teórico y filosófico para debatir sobre el dilema. Habrá tiempo de mostrar mi opinión de manera clara en futuras entradas, creo que recurriré a nuestros  hermanos franceses para hacerlo.

     No me resisto a ofreceros un último aporte. Cuando se ha planteado el dilema del prisionero en diferentes estudios, la mayoría de los participantes optan por competir. Sin embargo, en 1980 el investigador Robert Axelrod hizo el dilema de manera sucesiva, los participantes repetían el dilema una y otra vez y conocían los resultados de los test anteriores, lo sorprendente es que a la larga los participantes que decidían ser leales tomaron ventaja y ganaron.


     Vivimos en un mundo que nos incita constantemente a competir y ser ambiciosos, pero ¿realmente es esta nuestra naturaleza y/o nuestra opción personal?


Eladio.