![]() |
| "La libertad guiando al pueblo" de Eugène Delacroix. 1830. |
El título de esta entrada es el lema de la República Francesa (Liberté, égalité, fraternité) como todo el mundo sabe. ¿Y qué tiene esto que ver con el nudismo? Para mí ¡muchísimo! Básicamente estos tres principios son los que aplico a la hora de desnudarme y de compartir esta experiencia en sociedad.
En el siglo XIX este lema se convirtió en el grito de los republicanos a favor de la democracia y en contra de gobiernos opresores de todo tipo. ¿No buscamos algo parecido los nudistas, acabar con la opresión de la ropa? Tampoco queremos imponer lo contrario, por supuesto, que para algo son principios de la democracia: que se desnude quien así lo desee y que a nadie se imponga el uso de la ropa.
Ya anuncié hace un tiempo, en la entrada titulada “El dilema del prisionero aplicado al nudismo” mi intención de acudir a nuestros hermanos franceses para mostrar cómo vivo mi yo nudista en sociedad. Aunque sé que es reduccionista y acepto las críticas, para ser práctico analizaré cada uno de los principios desde la lógica binaria nudista-textil.
Para un nudista este valor es básico, la libertad de desnudarnos en cualquier lugar es algo a lo que muchos de nosotros aspiramos. El inconveniente es que en una sociedad que impone el uso de la ropa, las personas textiles también exigen su libertad de no ver genitales aireándose en sus espacios.
Me cuesta mucho entender cuál es la ofensa o la incomodidad, pero la realidad es tozuda y nos demuestra que a muchas personas les molesta ver a otras desnudas. Cómo conjugar ambas libertades no es tarea fácil y en eso llevamos décadas entretenidos, buscando la manera. Personalmente creo que como vivimos en sociedad estamos obligados a respetarnos unos y otros, nadie puede imponer totalmente su libertad, al menos mientras no cambien de forma paulatina las mentalidades ¡se impone negociar!
Mi opción, para ejercer en libertad mi derecho a desnudarme fuera de mi casa, es luchar por mantener los espacios nudistas y ampliarlos en la medida de lo posible, conquistando nuevos terrenos, pero muy poco a poco pues prefiero huir del conflicto (que podría llegar a tal dimensión que me acabe restando derechos) y mantener los espacios propios que están siendo invadidos. Esto es muy importante, la estrategia que se impone es la de PRIORIZAR pues si no defendemos estos espacios nos arriesgamos a perderlos. De momento con eso me vale, no necesito pasearme desnudo por la Plaza Mayor de Salamanca (aunque me encantaría).
IGUALDAD:
La igualdad también es un principio democrático básico, necesaria su existencia para la paz social. Entiendo este concepto no de forma absoluta, por supuesto, pues las personas afortunadamente somos diversas y necesitamos ser respetadas en nuestra infinita diferencia. Cuando hablo de igualdad me refiero a igualdad de oportunidades.
No necesito conquistar todo el espacio para el nudismo (al menos de momento) pero sí tener la opción de desnudarme en playas, ríos, montaña, piscinas, spas, incluso en bares o restaurantes. Lo mismo respecto a otras actividades en las que me gusta invertir mi tiempo libre: practicar deporte, hacer senderismo, ver teatro o yo qué sé, hacer puzzles de mil piezas.
Es decir, en la medida de lo posible quiero vivir en igualdad de condiciones que la gente que usa ropa siempre que está en el espacio público. No me vale con algunas playas de tradición nudista, quiero ampliar lugares y actividades para hacer desnudo, aunque entiendo que la igualdad también es necesario pelearla. Para eso están las asociaciones reivindicando y negociando, y los nudistas practicando y dando ejemplo.
FRATERNIDAD:
Soy un ser social. Aunque valoro mucho mi independencia, disfruto como un marrano en un charco de los otros habitantes del planeta ¡tantos y tan dispares!
Así que este tercer valor de la república francesa me viene que ni pintado en mi vida en general, pero también en mi vida nudista. Llevo años conociendo a personas nudistas y no me canso, así que la libertad para ejercer el nudismo en igualdad de condiciones que otras actividades, me permite seguir conociendo a otras personas con las que compartir este modo de vida de forma fraternal y profundizar en la amistad con mis muy queridos amigos nudistas. Si no es con ellos, no es igual.
Y aquí es donde me gustaría volver a conectar con la entrada en la que hablaba del dilema del prisionero, pues sin lugar a dudas, apuesto por la cooperación con otras personas que viven y sienten como yo, para entre todos cuidar de los espacios que con mucho esfuerzo se han ido ganando y donde tanta gente ha sido feliz. Me gustaría mucho contribuir a mantener estos paraísos en los que bañarme, tomar el sol, jugar, reír, caminar, correr, hablar, compartir, aprender, ABRAZAR y disfrutar de la vida, de la mejor manera en que he aprendido a hacerlo: DESNUDO.
¿Te apuntas?
Eladio.



















